http://www.youtube.com/watch?v=wZ-ofEM7qWYendofvid [starttext]
Siempre pensé que
si no iba a vivir mi propia historia de amor, escribiría la más hermosa; una de
la cual estuviera orgullosa, digna de contar por ser a mi medida, pero sobre
todo que tuviera el ingrediente que le faltó a las de la vida real, que fuera
creible. Creo que las conozco todas, o casi todas para no exagerar, Elizabeth
Bennet, Bella Swan y Louisa Clark son algunas de las privilegiadas que en los
sueños de alguien fueron, son y serán eternamente felices. Algunas como ven no
terminan con "él", siendo parte de sus vidas, pero si queda en su memoria que
alguien las declaró y las eligió como compañeras de destino.
No es que el
detalle de la eterna felicidad sea el más importante; sino que pueda ser
recreada las veces que sea necesario y siempre tenga como final una sonrisa y
las ganas de seguir avanzando en el logro de nuestras metas. Las miro a todas,
cuando estoy en la calle, o en el bus camino al trabajo, o en la tienda, la
mayoría tiene la mirada dura y se deja ver la tristeza de la traición, de la
desesperanza, de la humillación o simplemente del más elemental de los
sentimientos, la rabia. Generalmente la causa de tales actitudes no provienen
solo de ellos, sino que hay alguna “ella” que la originó, por eso creo que las
mujeres nos sabemos nuestras peores enemigas.
¿Son ellos los
culpables? ¿Somos nosotras que creamos falsas expectativas o depositamos en
ellos una responsabilidad, y por ende un poder, que no tienen? Hacernos felices
no es tarea de otros, es una tarea personal. Lo que sucede con toda
responsabilidad es que tiene su afán. Se debe trabajar en ello; y en este caso
como siempre el primer paso es hacer un autodiagnóstico que defina nuestro ser.
Eso tenemos a favor las mujeres nos entendemos como una mezcla de sentimientos,
pensamientos y acciones, y estamos convencidas que tenemos los tres
ingredientes en diferente medida, pero siempre los tres.. [endtext]